sábado, 16 de noviembre de 2013

El hombre pluscuampequeño


Erase una vez un niño minúsculo que se hizo pequeño. Tuvo una infancia sencilla en una pequeña familia y entornos pequeños. Vivió en ciudades grandes, en las que se sentía pequeño, y en un pequeño pueblo, en el que se desapercibía.

Estudió un tiempo en una pequeña escuela, que le hacía sentirse pequeño y en otra grande, en la que pequeño se sentía.

El tiempo fue pasando y el pequeño niño se convirtió en un pequeño adolescente, un pequeño joven y un pequeño adulto. Sin embargo, en ocasiones, de carrerilla, se ejercitaba en sacar pecho, mas su pecho era pequeño.

Fue a la universidad, donde estudió en aulas grandes llenas de humanos grandes y también pequeños, entre los cuales se sintió pequeño, incluso a veces pluscuampequeño.

Trabajó en sitios grandes y en otros pequeños, en alguno tan pequeño que a veces se veía grande, hasta que al llegar a casa veía en el reflejo de los espejos a un hombre pequeño.

Tuvo pequeños y grandes amigos, algunos menguaron y otros crecieron. Tuvo novias grandes y novias pequeñas, se casó con varias mujeres,  pequeñas y grandes, y tuvo hijos enormes.

Hubo un tiempo en la vida del pequeño hombre pequeño en el que los reflejos le hacían verse crecer, un tiempo en el que pensó que se estaba apercibiendo, que pareciera que le veían y que incluso le miraban, hasta llegó a sentirse grande, aunque fuera por momentos.

Un amanecer se despertó en otoño y al incorporarse en su cama, observó que los pies no le llegaban al suelo. No pudo mirarse en espejos porque no podía alcanzarse. No se vio, mas se sintió. No se paró a pensarse y se entregó al concierto de recuperar su orden.

Salió a la calle y caminó discreto, bajando y subiendo aceras por bordillos descomunales, cruzando avenidas con horizonte entre ruidosos mastodontes y hombres gigantes. Y conforme caminaba, le crecían los bordillos.

E intentó relacionarse, mas sintió que mermaba si intentaba hablar.

Y camino del reflejo de sí mismo, paró un momento a mirarse en una gota de agua. Fue allí, mirándose cuan Narciso en un cristalino estanque, cuando escuchó voces que gritaban de ultrallá, y se hizo mate.

Erase una vez un hombre pluscuempequeño, que en ocasiones menguaba.

Luis Cardo


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