martes, 30 de abril de 2013

El hombre circunspecto


Me crucé con un hombre circunspecto.

Vestía pipa, vestía lana, su chaquetita de punto gris, barba canosa a la que mesar, imperturbable, meditabundo, ni cabizalto ni cabizbajo, mirada al frente del pensamiento.

Me crucé con un hombre invierno, mirada gris, fumaba pipa, fumaba lana, su trascendencia y sabiduría manaban húmedas como el sudor. No deambulaba, mas caminaba sin balanceo, cuan sin caderas, sin emociones, en reflexión. A la verita de sus orejas otro individuo las calentaba, con “quesiestos” o “silootros”, pintaba afable y hasta cordial, mas el amigo tan circunspecto solo asentía para evitar dejar de lado sus pensamientos y al mismo tiempo considerar.

Me crucé con un hombre estructurado, de buen consejo y sentencia, mas tal como coincidimos en contraria trayectoria, mis meninges por ese entonces se hacían empape de éste siguiente elevado meditado, si somos circunstanciales, si todo es bien coyuntura, si tan leves resultamos y tan efímeros somos ¡qué carajo!, a sonreír que dos días compartimos, a la vecina del cuarto, al que habita frenopático, a la crónica del botox o a cualquiera circunspecto al que le cedas el paso pero no la intrascendencia. 

Me crucé con un hombre circunspecto, mas me hizo sentir ligero, o si mejora la rima, hizo sentirme liviano.

Luis Cardo

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