miércoles, 17 de abril de 2013

El aseado salmón


Si de día no balas quizás de noche mujas.

No me decidí a comprarla en aquel momento porque desde tiempo ha me parecía todo caro, lejos quedaban las almejas de Carril, tanto como Reikiavik de Vladivostok. Lo cierto es que era perfecta, no sabía entonces si el tono sería el idóneo, quizás no ante ojos visitantes, pero lo que complica a un daltónico en sus paseos por caminos de pantones puede hacer bailar lo íntimo si se entrega a lo bien básico, la vida es de colores, quien dijo mil dijo seis.


Podía ya sentir imaginado el placer de algún sentido cuando levantara naranja la tapa para orinar a juego con moldura cenital. La ventaja de vivir en minipisos es que el bricolaje no da para desriñonarse. Dos cero ocho metros cuadrados de aseo no da acogimiento a multitudes mas quién las quiere si casi todo lo que en él se puede practicar carece de la mínima estética para hacerse ver en formato pasarela versus flashes.


El caso circunstancial es que por aquel entonces llegaba mi cumpleaños, ese evento habitual que acostumbran celebrar mis congéneres coetáneos, no sé bien si era costumbre celebrarlo en Medioevo o si lo hacían los clásicos. Aquí el menda ¡cómo eres! sueña siempre escabullirse de tan señalada fecha, no por condición coqueta ya que cumplo agradecido, que nos quiten lo bailao, mas por neura matemática, solo un día más que ayer, y por síndrome salmón, la corriente para ovejas.


Pues bueno es que a uno le escuchen y mejor que a uno le entiendan y sobre todo es placer que a un lerenda bien le quieran. No necesitando nada más allá de unos garbanzos y sabiendo que los lujos los pone un amanecer en la playa en primavera, oyeronme mis amores, las que más aprecio muestran, hablar de asear aseos y sabiendo mi angostura y sin lazo, ni charol, ni pompa y por circunstancia me plantaron por regalos varios preciados enseres para alegrar la retina del presente y los que a bien tengan acomodar posadera en el servicio de mi sencilla morada.


Y como quizás lo olvide, ya no, porque queda escrito, aquí dejo la constancia de que en los años vividos y alguno hasta celebrado quedará siempre enmarcado el ajuar de los presentes de aquel año dos mil trece, en que se acabó la crisis, perspectivas que da el tiempo, en el que no hubo bombones, ni relojes, ni corbatas, si no una tapa de wáter, una cortina de ducha y un vale por una pila sencillita de lavabo, todo a juego y coordinado con el techo y la moldura pendientes de repintar.


Y aprovecho la ocasión para agradecer la atenta subvención para pintura recibida con decoro y misiva complaciente, de mi mas que querida, apreciada, compañía de seguros, que pronta y con diligencia me obsequió cincuenta pavos para suplirme los daños de aquel diluvio de marzo en que la vieja fachada del edificio que habito padeció de osteoporosis.


No queriendo así balar, pretendiendo ser salmón, si por los morros no mueres, no dudes de que tu boca tapará quien bien te quiera.

Luis Cardo

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