sábado, 2 de febrero de 2013

Wito sin especias



Zanahorias, inmensas zanahorias expuestas sin censura y más allá, regresando del cúbito prono partiendo del Edén sin acopiarse de especia, ni de azafrán ni de nardo, cálamo, ni canela como portara Adán en su morral de leyenda, no fue la serpiente, fueron los querubines celosos de guardar sus puertas. Wito medita en la fantasía del primer hombre y en su tiempo en el huerto, lo hacía por Dios, por amor, por conservarle aseada la poda y segada la grama que aquel creyera cabellos de oro. Caído por osado, por crédulo y por sincero, por confiado y por tonto ¿por cuál de sus puertas salió? Por la que fuere, sin vítor ni hombro en el que aposentar cansancio.

Wito camina, no revienta, porque un junco no se quiebra y porque tira hacia el monte. Rebusca en sí sus cimientos, esos que nunca construye por atender otras grietas. Se mantiene en calma chicha, que no le menten la suerte, que está por sangrar si pinchan. No se mira en los espejos, aunque Némesis lo crea, y no es en cueva donde habita, sino por túnel camina, se hace camino al andar bajo roca que gotea, paraguas de enmascarados respondedores. No mira al suelo, miró, y al frente apuntando traga lamento, el de sentirse lector de un redundante guión, siempre tocole a la vez ser el malo y ser el feo.


Luis Cardo

No hay comentarios:

Publicar un comentario