lunes, 28 de enero de 2013

Wito fugit



Conducía por la rápida, la insípida, la estúpida, la de raíles guardados, de carriles paralelos. No la solía usar ya excepto si apretaba la prisa y no la quería apretada, ni siquiera la quería. Prefería las señales sobre fauna que transita. Acababa de partir cabalgando sobre ansias por estrecho el minutero y su condición puntual y, a pesar de haberlo visto ya apuntado en su horizonte, solo al llegar a la altura donde capturar el instante de atender al efímero cruce de sus vidas, le pareció suspenderse en el tiempo y que el segundo era día.

Volaba, volaba, el cuello en lanza y el pico punta de flecha, estirado cum laude buscando hacerse invisible al empuje del viento que oponiendo su intención con ímpetu de huracán viajaba contra su vuelo. Wito quedose pétreo viéndole no avanzar, viéndole no rendirse, viéndole convencido de no girar a lo fácil y dejarse empujar viento de cola. Y así suspendidos, eternos, en la misma dicha por saber buena su condición común acuerdo, guiño risueño, dieron rienda al lance y cruzaron prestos hacia sus puertos, contra corriente, tempus fugit, el uno graznando cua y el otro mirando al frente, puntual hacia su cita, cabalgando corcel de acero.



Luis Cardo

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