martes, 18 de diciembre de 2012

Wito y el escarabajo azul


Abrió un ojo al despertar, el otro permanecía pegado, dió buen día a su migraña y permaneció unos minutos en la inercia de lo inerte, se preguntó quién, dónde y qué, ya ubicado en órbita se incorporó despacio y desganado, estiró sus contracturas, claqueteó y se puso en pie, miró a las nubes por la ventana buscando el hueco azul que no encontró ni esperaba. Café y galletas, hoy no me afeito, cuchilla vieja, caro el repuesto, sucio el desánimo. Vaqueros rotos, abrigo, gorra de invierno, guantes de cuero, bota campera aunque asfalto.
 
Bajó despacio por la escalera, no hay trote ni hay entusiasmo, salió a la calle, seis grados, giró a la izquierda, no hubo llegado a la esquina y se agachó al verlo, ventaja de cabizbajo óculo infante, entre excremento canino, lata aplastada y propaganda de Alcampo se llega andando. Había dejado de caminar como quien petrifica al sentirse observado, pareciera que hubiera girado su cuello y cruzara con Wito una mirada, primero pánico, cómplice instante. Se sonrieron, lo sé, quizás no hubo mueca, sí en Wito mas no en su amigo, y tras un guiño ambos partieron hacia su día, tan igual y tan distinto.
 



Luis Cardo

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