viernes, 7 de diciembre de 2012

Epitafio y sigue



Ya no, eso quedó en otro tiempo, mas tanto quedó en otro tiempo, ya sé, no sabéis que digo, tampoco lo explicaré. Reconozco ser de los que desconciertan, en el fondo la cualidad de rarito siempre ha alimentado mi narcisismo, no os rasguéis vestidura que de espejos vive el ego.
Antes de continuar será de noble advertir que de todos los posteos el que ahora aquí comienza será el de menor interés, pues en este no haré más que hablar un rato de mí, alimentando bostezos.
En algún otro retal de este blog que aquí hoy suspendo, ya comenté el porqué de haber parido este evento, que no invento, un día me desperté y los grillos de la jaula me empujaron al papel. Nada fue nunca y nada será consecuencia de un plan previo, acabé entendiendo un día que mi acción desde los tacos es como bola arrojada a ruleta de emociones, la echo y estoy al tanto del tintineo y del salto, la suerte de “subeybajas”, mas cuando aloja ya en cifra perdió todo el interés, se ganara o se perdiera ya no sustenta pasión.
Alguna perla leísteis, si no os venció aburrimiento y superasteis el titulo o párrafo introductorio, sobre el concepto que tengo de la vida que nos lleva como tránsito entre orillas, de aparecer a desaparecer, desde la nada a la nada, más atendiendo al maestro, entre la nada y la nada no es la nada lo que habita, si no todo, y así lo hecho resultará insignificante, mas habrá siempre que hacerlo. Que catástrofe tener que perder todos los días seis u ocho horas durmiendo.
Así transcurre mi vida, un caldo de espesa sustancia en la que entran y salen a modo de nabo y garreta millón y mil un condimentos. A base de ir picando me voy convirtiendo en suerte de enciclopedia en la que cada entrada no pasa de su primera línea de definición, rey del picoteo, aprendiz de mucho y en nada maestro.
No sé si era bueno o malo lo que salió de mi tecla, lo que fui pariendo a hachazos, sin plan y sin corrección, a bote pronto, puerta gayola, pasto de inquieto. Como todo lo que hago sé lo que fue para mí, al tiempo bueno que malo, igual sublime que horrible, ingenios y chaladuras, digno de elogio y cachete. Así es todo lo que hago, una gloriosa cagada o pestilente obra maestra. Pensé en ocasiones que me exijo mucho, mas en otras me dio risa por pensarlo.
Cierto fue que estuve a gusto mucho más que de costumbre durante estos dos mesecitos leyendo mi ruido cerebro, a mi me sonaba bien aun sin saber bien la cuerda, no desacompasaba el percutido y me antojaba brisa el viento.
El caso es que no llegué, tampoco lo pretendía, pero me fui percatando que no me llegaba eco, si mucho elogio mas confieso que siempre desconfié del halago por ser de defensivo instinto en repudiar al que adula. Defectitos, defectitos, taras todos cultivamos, algunos con mas orgullo y otros siempre auditando.
En fin y resumiendo, que hoy he sentido la bola reposada en su casilla y la ruleta parando, dejó de tintinear esta vez porque al impulso del que suscribe dispuesto no le llegó ni una suerte de comentado alimento y así mi ruido sonando seguirá en cualquier formato y así otro granito picando que ancha es Castilla, y no sé si seré pavo pero seguro que el nuevo caldo nunca será de gallina.
Me voy, que estoy reciclando el progreso en estanterías de colores, como la vida.
Luis Cardo
PD: y por si alguno se hubiera preguntado porque todo empezó en “la”, la respuesta era sencilla…

No hay comentarios:

Publicar un comentario