jueves, 15 de noviembre de 2012

La mafia que gobierna




Cuantos días sin acudir a la RAE, a veces me imagino las eruditas tertulias de los académicos, apostilla, reapostilla, pito doble, truco y paso, órdago a la chica y tiro porque me toca.

Pensaba en los acontecimientos de ayer en España, ¿se puede decir España o no se le puede mentar en vano?, huelga general, a ver ¿huelga general no es aquel evento que se promueve con el ánimo de paralizar la actividad de un país como medio de presión al gobernante? No es por malmeter y seguro incurro en renglón torcido o dioptría errada pero tengo la ligera sensación, por ende, de que este país está parado y, por allende muros de palacio, de que al gobernante carcajeado se le pone dolor de esternón al partírsele la caja.

Dice así en su tercera: “3. f. Grupo organizado que trata de defender sus intereses”. Sí, es contundente y sencillo. No se me ha olvidado poner el término definido, no, si es obvio, el título ya amenaza.

“Dime Mariano”, “Hola Alfredo ¿Cómo estás?”, “Preocupado, preocupado” “Yo también, por los desahucios” “Si, algo hay que hacer, no sea que al final se organicen y de echarnos pásense a lincharnos”. Están preocupados por si los desahuciamos, los desterramos, los expulsamos de nuestras vidas para siempre. La casta se protege, juega a compungida ¿nos hacemos un “legisli”?. Acostumbran a cambiar cromos, te cambio un “consti” por dos “supremos”, juegan al tula, se enfurrullan y hasta se demandan “vas a ir a la seño”, “si te chivas de lo mío, me chivo yo de lo tuyo” y se piden dimisión sin remisión, pero igual que a los de academia los imagino entre cartas y fichas de dominó, no sé por qué mala secuencia que se quedó en mi retina de un “Informe semanal” siempre imagino al que gobierna y opone compartiendo un cafetito en el bar de la carrera, de San Jerónimo por supuesto. Bueno, menos a Aznar, no le imagino, a los de cera les tira la sisa. 

Mafia de oligarcas, ahora me toca a mí, ahora juegas tú. Los pilares de la cosa, dinero para sustento, prensa para combustión y la urna, aval moderno. El humano ha sobrevivido en lo alto de la cadena alimenticia por su innegable capacidad de adaptación, somos mutantes, experimento, cogemos a un docto licenciado con ideas altruistas, lo elevamos al poder y muta en casta antes que el gallo se marque un tango lastimero. Y si no muta, cae, es pura física, o “le caen”, así es la mafia.

Veo “berlanguianas” escenas de cacería entre jueces y banqueros, políticos y empresarios, casta de señoritos de puro o de cigarrillo. Imagino departiendo sobre interés general “¿y de lo mío que hay?”. Y, ojo, que si te fijas, no, no es broma, no es visión, sindicalistas de pro. Para la casta no hay cuna.

Sin sangre, soy más de Gandhi, lamentaré lo siguiente, esto no hay quien lo detenga, no la revolución, por pecar hoy lo haré del palo cenizo: esta losa que nos pesa y parece nos aplaste se curará en cuanto fluya de nuevo el muy vil metal y nada se habrá alcanzado en revisión del sistema, ya no hay frentes, ya no hay luchas, solo lamento y quejío. Seré tonto, dame pan.

Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar. Y las mafias, mafias son. Si algo entendiéramos de nuestra estúpida condición ni balar, no lo veis pero ellos saben que por la mani muere el pez, ni avalar al “corleone” en urna alguna, “votadme y no os pasará nada ¿capisci?”.

Despertad, si queréis, va a ser que no.

Luis Cardo

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