miércoles, 7 de noviembre de 2012

La krisis


 
Tengo un amigo que hace tiempo que no compra dentífrico, se percató pronto de que podía aprovisionar de muestras comerciales, tampoco es tan tímido como para frenarse en preguntar de vez en cuando el precio de un empaste. Ayer me lo encontré caminando, su rostro apuntaba a las aceras “si miras a las aceras, cagalló de gos, no lo pisarás mas te afeará el paisaje, la vida es una barca”, pese a su palidez “no encuentro el pulso” su reserva de humor ácido.
 
¿Un café? “bueno, ya sabes, solo si invitas”. Inevitable hablar de temas críticos “no me quejo, sabes que no soy del gusto”, has perdido peso “¿conoces muchos chinos gordos?”, arroz y pasta, dieta exótica. Nunca fue de oropeles, si en algún tiempo hubo, alguna almeja de carril se llevo al disfrute “que bello al paladar debe ser tener posibles”, lo suyo con tener bienes siempre fue apego inseguro “dejé de guardar cosas el día que llené un contenedor de enseres de difunto”.
 
Mi amigo no da un perfil, es de los que desconcierta, piensa que en corto los demás le enmudecen por falta de afecto, cierto síndrome de Calimero, pero ¿quién sigue el rastro de un “rara avis”?. Dice que tiene todo pagado, me consta, es de los de cumplir a la antigua “quien paga, descansa”. Ha vivido como un buzo en aguas negras, “si no alcanzas a ver corales en tu líquido elemento no dejes de aletear, no sea que vayas al fondo y descomprimas”. Se ha pillado más de un dedo, no por descerebrado, va sobrado de meninge, más bien por nunca pensar bolsillo en ristre y decidir en su vida persiguiendo bienestares de mano de la emoción, procurando no hacer despiste del saber del buen Gracián y aplicando su prudencia.
 
“No necesito una casa, la cabra tira hacia el monte, pero me pilló un aval”. Vive en un lugar sencillo, pero le avaló un amigo en tiempos de más calor y el aval ahora es condena de las de bola y cadena, nunca dejará colgado ni empujará su ficha de dominó por si el efecto mariposa. Y por pecar de moderno es de los de pagar pensión de obligado cumplimiento, bajo pena de prisión, para sustentar retoños. De cualidad, responsable, ya estaría en Nueva Zelanda. No quiere hablar de juzgados para enmendarse por saber que no hay justicias allá donde habitan cuervos, saber por haber tastado “es un nido de tramposos y no sé hacer ni a la brisca”.
 
“He ajustado el presupuesto para atenderlos a todos, me he quitado de lo mío, no de vicios, que no tengo, llevo dos años viviendo de la caridad cristiana, he aguantado bien el tipo sin confiar en que escampe, mas ando algo preocupado porque el parné se ha esfumado”. Se le nota bloqueado, quiere recoger naranjas, se le pasó la vendimia por no estar espabilado, liberal de profesión, nunca quiso tener jefes, de esas de tute y vapuleo, de las que hay dinero si careces de vergüenza o minutas en dorado por ser docto 0 estar bien relacionado “no es país para mediocres, o eres de los que tienes o de los que pides, el mérito está en sobrevivir en la mitad del camino”.
 
Se reconoce en esencia ácrata, anacoreta, algo misántropo y poco artista, más por pasión estética que por conocimiento ya que es de los de aprender tocando y repudia de escuelas “soy el rey del picoteo, aprendiz de mucho…” A veces siente la vida como si fuera secuencia de un rodaje inabarcable, no sabe quién gritó “acción” ni se conoce el metraje por incierto el presupuesto para hálitos y ausencia de guión. Me contaba de una escena que rondaba el pensamiento, a la puerta de un comercio allende barrios lejanos se veía con cartoncito en regazo “si me reconoces hazme el favor de no saludarme, no es por gusto, es por susto”. Eres un peliculero.
 
“La diferencia entre dar y pedir, es que para aquello no hay vergüenza”.
 
Me despedí de él con un abrazo sincero y una receta de ánimo “de eso hay mucho en mercado, no paramos de dar y recibir los que jodidos estamos”.  Y aún con sorna espetó “nos vemos, mas no en los bares, mejor en algún paseo”.
 
Se alejó caminando, ya no iba cabizbajo, lo perdí en el horizonte de cemento y esquinas que se doblan, las manos en sus bolsillos vacios de contenido de curso legal.
 
Dignidad, divino tesoro. Si te rindes se acaba la película, camina aunque vayas desarmado por el desfiladero y sientas el aliento de mil flechas de los indios que te acechan.
 
Luis Cardo

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