jueves, 22 de noviembre de 2012

La increíble y triste historia de la cándida España y de su banca desalmada




“Vamos a llegar al peor de los mundos porque no puede ser que recaiga todo el riesgo sobre los seres humanos, no sobre el capital”. Este pensamiento es de Rafael Correa, presidente de Ecuador. Se otorga en esta idea entidad propia al capital. Cuando un banco ejecuta un embargo ¿Quién es el banco? ¿Son sus accionistas? ¿Son sus gestores? Las decisiones bancarias las toman seres humanos, cualquier decisión es tomada por seres humanos. ¿Cuáles son los objetivos de los seres humanos propietarios y gestores de la banca, de los propietarios del capital? ¿Hacer acopio de más capital? ¿Es ese un fin legítimo, ético, loable, de recibo?

Hagamos un esfuerzo de memoria cinematográfica, sí, si recordáis el cine fue arte tiempo ha, y extraigamos de sus capas más ocultas lo ocurrido en Bedford Falls (“Que bello es vivir” Frank Capra, 1946), donde George Bailey, todo corazón, hipotecaba su vida por el bien de su comunidad administrando la compañía de empréstitos creada por su padre y destinada a dejar dinero a aquellas personas que no podían acceder al crédito bancario. La historia, en esencia, es sencilla y reconocible por habitual desde ancestro, la eterna pugna entre el bien y el mal. George no deja de ser un banquero, pero en su vida siempre es constante ayudar a su prójimo y practica el desprecio asintótico a absoluto del enriquecimiento y el superego. Y mientras, el mal no ceja su empeño, y casi consigue, en destruirle, mas todo el altruismo  sembrado en su vida brota en lluvia de ajo y crucifijo y vade retro al vampiro.

Cuenta la prensa, pendiente aún de estopa en mi pluma, que David vence a Goliat. Ricardo Barcia, gallego, emprendió días atrás huelga de hambre y camping gas ante su banco reclamando la dación en pago de su inmueble y cancelación de deuda. ¿David vence a Goliat cuando el ogro gigante se apropia de su casa? Nos venden la victoria de un hombre que perdió su empleo y no pudiendo hacer frente al pago de su casa, convenció a su banco para que se la apropiara. Y aquí me vuelve Correa: “vamos a llegar al peor de los mundos, gente que necesita casas sin casas y bancos que no necesitan casas, con casas”.

Ya desconfiado el aquí presente pecador de la rápida reacción de la bancaria entidad, y pirrado por asocios y metáforas, mis ojos veían el camping de Ricardo y su mal barbado rostro y a través de la luna de su banco no podían ver a George, sino más bien a Amon Goeth asomado en el balcón desde el que mal fusilara hordas de judíos alineados a su merced (“La lista de Schindler”, Steven Spielberg, 1993).

Schindler alecciona a Goeth dándole entidad de César, el poder no está en quitarles la vida, el poder está en perdonársela, solo dejando vivir a sus víctimas se apodera de sus vidas. ¿Y si el poder no estuviera en el desahucio? ¿Se puede seguir llenando el depósito de mala prensa y rencor ciudadano hacia la banca desalmada? ¿Y si definimos nuevas estrategias de mercadotecnia? Si hay bancos malos ¿no habrá bancos buenos? ¿Nos hacemos un fresh banking, un good banking o un angel banking? ¿Jugamos a ser los buenos?

¿Quién maneja mi barca que a la deriva me lleva?

Dios, si existe, que bendiga a los George Bailey, esos que nunca se ven porque su pecho no sacan por ser de buche humilde. ¿Somos sociedad 0 suma de individuos mirándonos el ombligo? No hay ángeles que vengan a rescatarnos del suicido, la terapia está en nosotros y todavía no nos vemos enfermos.

Luis Cardo

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