lunes, 19 de noviembre de 2012

La gran decepción



Algunos somos los hijos de un boom. Nacimos acullá tardofranquismos, hijos de guateque y aperturas, infancia dominguera bajo olivera o pinada de dehesa costera, vehiculados en la trasera de un Seat, sin “cintu” ni airbag, y con el aire acondicionado por la madre natura.

Nuestra vida hasta el arribo del milenio que mal nos lleva fue una promesa velada de un dulcísimo “in crescendo”. Éramos la generación con más suerte de la historia de la humanidad, ahí queda eso.

Antes de iniciarnos en conciencia política alguna se nos murió en la cama un dictador, el más freak, y conforme nuestros mayores hacían rodaje de vivir en libertad, nosotros nos la comimos noche a noche, entre ginebra y mescal. Vivimos la madre de todas las liberaciones y estudiamos carrera sin ser hijos de papá.

Partimos del boom y solo crecer merecíamos, no nos alcanzó ni el yugo ni la flecha, capas como cebollas fueron cayendo de nuestros hombros sin haberse llegado a posar, nunca fuimos vírgenes, nunca fuimos ángeles, dejamos de ser de católico obligado, dejamos de obedecer al Papa y a papá, fuimos hippies, fuimos rockers, fuimos fruitis del árbol del bienestar.

Aunque no todos sobrevivimos al desmadre ochentero, cierto resultó el refrán y  fuerte nos haría lo que no nos finiquitara, y así partimos a infinito. Todo era espuma que crece, saltamontes laborales, de uno a otro, promociona, el que no corra, tranquilo, plaza pública en subasta, y a hacer empresa el espabilado, que de ellos será el reino de los cielos ¿verdad tete?

Y maratón hacia el remate del milenio fueron llegando las pelas hasta mudar piel en euros, fuimos haciendo familias, dúplex, triplex o adosado, y llegaron los chiquillos, cada coche más potente, plan de pensión o inversión, este año a Bali y el que viene a Punta Cana, playas llenas en verano y al remonte mientras nieve, que lo mismo juego en bolsa que me apunto a lo del pase del inmueble en construcción. Y aunque el parné no alcanzara, fácil era financiar si el Euribor se deprime al ritmo del subidón.

Nos criamos jugando con pelotas de papel mas fácil nos condujimos por la autopista del bit, enganchados al pecé saltamos de tren en tren, atropellados tecnológicos no seríamos “esquelados”. Nadamos en el agua del consumo como pez aleteado, para esta habilidad no haría falta carné.

Y nadie nos lo vendió pero compramos concepto de que la vida era un cruzar desde la nada el Rubicón y sin mojarse las nalgas, echada estaba la suerte, seríamos siempre algo más, pues todo habría en mercado, cada nuevo año más alto, guapo, fashion, progre o musculado.

Y mentando a Esopo fue entonces cuando el cubo de leche cayó al suelo, y la tierra tiñó en blanco. Así fue que nos quedamos apropiados de la nada: sin vestido, sin pollitos, sin huevos, sin mantequilla, sin nata y, sobre todo, sin leche: sin la blanca leche que nos hiciera soñar. Nos quedamos sin trabajo de donde asirnos el cántaro, se esfumaron adosados, cancunes y buenos farios. Vendimos la plata y oro y todo el fondo de armario, dejamos de consumir y de nuevo a comer caldo, en casita de mamá y de papá jubilados, el tabaco ahora se lía mientras andamos liados intentando comprender de qué vamos a vivir el resto de nuestros años.

No quisimos, no supimos, no comprendimos o vimos, mas un castillo de naipes de papel moneda hicimos como cimiento del modus con el que vivir en bienestar acomodados. Mas no hicimos sociedad, “2. f. Agrupación natural o pactada de personas, que constituyen unidad distinta de cada uno de sus individuos, con el fin de cumplir, mediante la mutua cooperación, todos o alguno de los fines de la vida”.

Los que nacieron después no han palpado transiciones desde la nada hacia el todo, nosotros que las vivimos, sociedad acordeón, vimos como hinchaba el fuelle y ahora padecer nos queda el apretón que nos deja casi sin respiración.

Si nos criamos jugando con pelotas de papel, ¿qué es lo que echamos en falta?

Luis Cardo

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