lunes, 26 de noviembre de 2012

La crasitud y la intrascendencia




A veces pudiera parecer que escribo sobre actualidad económica o política, si así piensas tu error es craso, curioso palabro, realmente significa gordo pero unido a error adviene en indisculpable ¿se te ocurre, lector, algún lugar en el mundo de las letras donde acomodar a craso con ajenidad a error?

Cabalgando en crasitud, si es acción indisculpable el error cuando es de bulto, me aparece tras un micro el megalómano de turno, de condición catalán por esta vez, que ayer buscaba laureles para coronar su tupé de libertador de patrias, otro cantaba hace décadas después de similar evento “he entendido el mensaje”. Queridos politiquillos, que crasos los vuestros por simples, si pensáis que de millones de mensajes plegados en sobrecitos se puede hacer media en uno.

Cabalgando en mayor crasitud y de nuevo en megalomanía, carcelera de delirios de grandeza, poder, riqueza u omnipotencia, ayer el presunto ladrón de guante real fue a verle la pupita a su monarca “descaderado” político papá “¿Qué hay de lo tuyo papi?”, “Lo mío se cura con analgésico y reposo, pero lo tuyo….”

El señor Urdangarin convencido anda cabeza altiva de que “usucapirse” más de ocho millones de eurazos nuestros, sí, nuestros, a cambio de papel de fumar o directamente humo no solo no es delictivo si no que respondía a una noble prestación de servicios a los ciudadanos. ¿Esto es crasitud o demencia? ¿Hace falta hacer mención a esos grandes delincuentes de la humanidad convencidos de ser incomprendidas Madres Teresa de Calcuta? ¿Conocéis a muchos malos malotes que presuman de ello?

Pues no, no escribo sobre política ni actualidad, escribo sobre aquello que me inquieta, y no me inquieta ni Cesar Arturo ni Ignatius Urdangarin (más tonto que J.Reilly, el conjurado necio) ¿Se puede decir tonto o será presunto? Me inquieta de ambos su condición de pura anécdota, carnaza de hemerotecas para futuros ¿he dicho hemeroteca? Quizás solo trasciendan si inspiran un videojuego.

Andaba caminando por la ciudad con emociones afligidas por el sufrir de mi hijita y solo calles desiertas veía en hora punta, puentes tendidos entre la nada y su otra orilla. Meditaba sobre la intrascendencia del todo y sobre el poder del vacío. El hombre es un puente y no una meta, ya lo dijo Zaratustra “un tránsito y un ocaso”. Tensada la cuerda entre el mono y el superhombre, vergüenza dolorosa. Dios murió, apuntaba Nietzsche, permaneced fieles a la tierra y no creáis esperanzas ultraterrenas… ¿A que parece cabal? Pues aquí el amigo alemán pasto fue de la demencia, pero no de las de trasmutado megalomanete, de la de volver “pallá” al terapeuta más hábil.

¿Qué es la vida, pues? Yo hace tiempo la concibo como la “suma de actividades en las que entretenerse desde que apareces hasta que desapareces”. Aquí el abanico es tendente a infinito, te puede poner el vicio, el poder, el hurto o la compasión, o puedes tener mal fario ya que entretener no tiene porque ser disfrute, mas siempre podrás acogerte al placebo de creencias.

Quizá el yernísimo de nuestro real soberano, pecó por zaratustriano y cayó infante, cuan Obelix, en marmita, mas de superego, y tatuándose en su esencia lo de con pan menos penas, le dio por fumarse el presupuesto con el que pagar farmacias o mantener carreteras.

Pues ¿sabeis que os digo? En fino, que hoy me hago el sayo con capa de intrascendencia, o si me pongo muy bruto poligonero, que a mí todo me la pela, pues no somos más que hombres y por lo tanto vergüenzas.

Todo menos mi angelito, que mientras haya que nadar entre la nada y la nada, arropaditos estamos con el mundo por montera y que se pare si quiere, que no nos roba el aliento.

Y esto es lo que pensaré, si veo el telediario: “Lo siento, me hago minera, me hago tortuga o me hago buzo, yo me marcho con los pulpos, con el pez raya y con los moluscos. Me fijo en los avestruces y caracoles de los dibujos. Me convierto en bicho bola, me guardo dentro y me hago buzo”. L-Kan – Me Hago Buzo


Luis Cardo

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