lunes, 8 de octubre de 2012

La suerte de Szpilman


Sí, Paco, sí, yo también llevo haciendo esa asociación de ideas hace tiempo. Paco es mi “muymejorexperto” de moda, que bien lo explicaste ayer en televisión, nuestros hijos y sus hijos pagarán los pagarés de nuestra miseria actual. Pero no era esa la idea, no, la otra, la de la guerra, esto es una guerra moderna, la guerra de nuestros tiempos, lo que en otros se regulara a base de bomba y cañonazo ahora se regula a base de embargo, quiebra, desahucio, recorte y diezmo desmelenado. Y a transitar por o entre o a través de mayor o menor miseria, ahí ya donde te haya pillado,  como te haya pillado y los bemoles, habilidades y lastres que manejes.

Esta mañana almorzaba con un amigo, la amistad cotiza al alza ¿lo notáis? Y en la conversación me he escuchado a mi mismo concluyendo que estamos mejor que mañana. Recapitulo, en 2.008 me preguntaban ya si esto iba a escampar pronto y, sin hacer ni pizca de análisis econométrico ni macroeconómico ya respondía en plan Billy el Niño que ésta va larga ¿Cuan larga? ¿Qué cuantes? Decadita a la chepa y ya veremos, ¡hala! Pues hala.

Lo normal es que el que no me conozca piense que cojeo de cenizo pero los que saben que soy un optimista habrán tragado saliva, che Luis, no me jo….!!!!

Espero que hayáis visto “El pianista” de Polanski, por favor decidme que sí. Sea que sí o sea que no la idea la entenderéis igual. Władysław "Władek" Szpilman, era un pianista judío de cierta fama en la Polonia anterior a la barbarie nazi. Los planos iniciales de la película, ¿he dicho película?, eso la equipararía a Rambo III, los planos iniciales de esta obra de arte muestran a un elegante Szpilman al piano durante una emisión de radio.

A este punto de partida le suceden tres horas de intensa dramática narración de la vida del personaje a través de la salvaje crisis que le tocó en mala suerte vivir. Todo ese tránsito es decadente, en ningún minuto de metraje posterior a otro Szpilman muestra un mínimo ápice de mejoría en su historia de supervivencia. Su crisis relata una pérdida implacable, constante, continua, insaciable. Desaparece la libertad, el bienestar, el arte, el hogar, el dinero, la familia, el sustento, la dignidad, la salud. Huye y se oculta, vuelta a la huida y vuelta a ocultarse, se aferra a su única verdad palpable, la vida.

Los planos finales muestran tras la guerra a un elegante Szpilman al piano durante una emisión de radio. Sí, los planos finales muestran al mismo hombre del principio.

Hubo un instante en nuestra vida en que las notas de nuestro piano comenzaron a desafinar, fue un momento antes de que nos embargara el piano la financiera. Un día como hoy estamos en plano secuencia camino hacia el final de esta catarsis. No soy capaz de saber, haciendo paralelismos con el pianista, si ya hemos perdido el hogar, el sustento o la dignidad, pero sí que tengo una seguridad y es que en el plano final de esta obra magna que es la vida de cada uno, cuando acabe el tiempo crítico sólo nos queda un escenario, volver a tocar el piano, y con mayor virtuosismo.

La suerte de Szpliman no fue otra que la de haber encontrado durante su crisis aniquilante un tintineo de pepitas de oro en forma de amigos y personas con corazón y generosidad a compartir.
  
Luis Cardo.

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