martes, 9 de octubre de 2012

La senda y el pedrusco


Hoy es festivo, bueno en mi Comunidad Autónoma. Es el día de la Comunidad, sí, ese día en que los políticos locales se dan un paseíto con una bandera y suena un himno y se oyen vítores y algún pito de protesta, o muchos. Entiendo que en otro tiempo a los electos les era agradable sentir el calor del pueblo pero ahora creo que ayer se encomendarían a algún santón en plegaria por un día tranquilo, no estamos para bollos aunque el horno escupa fuego.

No soy devoto de eventos tales mas reconozco que alguna vez me acerqué a hacer presencia, no por filia ni por fobia sino por la innata curiosidad de ver y que no me cuenten qué, ni dónde, ni cómo.

Había propuesta de senderismo por senda no pateada y apetecía cum laude. Grupo en familia, niños, niñas, madres, padres, sol y pista. Tras el primer tiempo agrupados por ligera ancha pendiente llegamos a la criba y ya solo somos cinco por senda hacia la cima, dos de taytantos, tres preadolescentes, amigo que marca ritmo y por escoba un servidor, esto es pasión y allá vamos hacia la Cruz del Cardenal, aunque allí fijo no llegaría ninguno o al menos con su boato.

En cierto tramo incómoda es la senda por espino y palma irreverente, otras por canto rodado o por rodar, estrechez y algún que otro desnivel, mas a ritmo de placer se avanza raudo. Grandiosa en vistas, valles y mar, sierra, pinadas y pueblos, tremendo arrozal ¿no os hablé de arrozales? Ya llegará.

Humanos encuentros subiendo con los que querían bajar, pleno en la cima, el día lo propiciaba, y en general de educada amabilidad, dejad pasar al que sube, buenos días, venga ánimo, ya llegáis, gracias, hola, sonrisas y aroma a hermandad junto a romero y espliego.

Y no ha sido general, ni mucho menos, pero me valdrán de ejemplo tres lances de lo que quiero apuntar sobre algo que me ronda y no seduce del público general y de la humana condición de tornarse robusta piedra que obstaculiza la senda de nuestro cotidiano devenir, o deambular, o caminar, allá cada cual su paso.

Señora, entiendo su ánimo, su ilusión e incluso su inconsciencia, más su calzado es suicida, su mochila pesado yugo, su estabilidad de precipicio y su inhabilidad innata o adquirida por el tiempo muestrario de evidencia de que excedió en optimismo al iniciar la aventura. Y no es reproche, ya escuchó mi ánimo, el mío y el de doscientos o trescientos que aguardamos minutos favoreciendo su tránsito como cálculo en riñón en trance crítico. Señora, rebonica, usted fue pedrusco inconsciente en mi camino y en el de tantos que con paciencia y sin mal gesto facilitamos su ascenso.

Seré más breve en los otros dos ejemplos, si necesitáis hablar de vuestras cosas mientras camináis por estrecheces no penséis que os siguen treinta porque gozan de acompañar, es que pasar no pueden. Y si camináis por pista con cinco de compañía y al cruzarte con vecina, cuñada y prole necesitáis hacer pausa y poner al día comentarios de la primera comunión de la sobrina de una prima segunda, no penséis que los demás caminamos por cuneta por si espárragos hubiere.

¿En cuántas circunstancias de la vida advenimos en pedrusco en sendas y no dejamos caminar? ¿En cuántas por inconsciencia? Observemos, no estamos solos y ya tropezamos bastante.

Luis Cardo

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