miércoles, 31 de octubre de 2012

La re evolución



Porque me puse a leer sobre los jueces y fiscales, que denuncian “nosecuantitos” abusos de los bancos, que desahucian si interesa, ahora que si, ahora me aguanto, ahora especulo, ahora de culo, a la calle, ahí te pudras maldito impagador, moroso tramposo que me engañaste cuando firmaste que me pagarías la casa donde crías a tus hijos y palias a tus ancianos sus achaques, que seguro que no trabajas por vago y maleante. Y de hervor a hervor fui saltando sobre ley hipotecaria, cláusulas abusivas, mala praxis y mala suerte de estrategias de los trols financieros, les llamaré así por parecer “taimados salvajes parecidos a hombres que viven bajo tierra en colinas o montículos, inclinados al robo y el rapto”.

Y como bien sabe alguno que salto de puente en puente para evitar la corriente, pues acábeme indignando, que no es moda, que es tendencia, con quien reflautas legisla para disfrute del vulgo.

La francesa, la bolchevique, la cubana o la mexicana, la revolución supone un cambio o transformación radical y profunda respecto al pasado inmediato. En las revoluciones sociopolíticas históricas la carga de violencia fue notoria debido al común objetivo habitual de finiquitar tiranías flagelantes. Y en ocasiones, me atrevería a decir siempre pero no me atreveré, mas con triste hábito, las revoluciones antitiránicas darían lugar a nuevas tiranías de mayor terror, si con yerro ganas le coges el gusto al metal. El proceso es sencillito y hasta en fábula se entiende, Orwell llamó Napoleón al líder porcino de su “Rebelión en la granja”, aunque no fuera galgo ya el nombre le apuntaba casta, recomiendo su lectura.

Pero he aquí que no hay tiranos yugo en mano que justifiquen el apunte con dardo y lanza hacia orondas barrigas, obesas de relamido placer por fagocitación de libertades, diezmos y pernadas. No los hay en estos meridianos, vieja Europa, cuna del saber y su difusión por aleccionamiento mediante conquista urbi et orbe. No, resulta que sea ayuntamiento o mancomunidad, diputación o cabildo, sea región o autonomía, país, nación, en federales y confederados, donde quieras apuntar la pluma que oriente al dardo, resulta que hay individuos sentados por votación a calentar el mullido terciopelo de su sillón de ordeno y mando. Si, ya se, los antimonárquicos radicales respingo habréis dado pero sabéis bien que la corona se agarra a la cabellera del que la tenga, con imperdible de una constitución a la urna sometida. Y aunque pasta nos costaran no pintan más, se supone, que un Lladró en una vitrina.

Por simplificar el quo, es tu vecino o tu mismo quien manda de nos un rato. Y por más sencillo hacerlo no hablaré de oligarquías, ni de cómo legislarse a sí mismos una vez apoltronados el acomodo del pesebre. No hablaré ahora, faltaría plus, en otro hueco.

Y si es que nos, gobernados por nos y legislados por nos, nos hemos dado este marco, habrá que mirar hacia Islandia (arriba, a la izquierda y lejos) y aunque algunos ya me exclamen “so, ande vas tú comparando” interesaría estudiar los modos de como rehacer el estado actual del tema de cómo ser gobernados.

Del guindo no caerá nadie si concluyo muy osado que sea en Moncloa o Eliseo, arriba en el Quirinale o en la callejuela Downing (preciosos entornos todos, ¡que poquito nos cuidamos!), aposentados en cómodo trono anda una suerte de electos vecinos a los que al pairo traemos aun estando, nosotros, claro, de cúbito prono (ya ni caridad cristiana).

Existe mutación al arribar a ese lado donde se toca poder, el sistema se ha viciado por humana condición desde su mismo origen, si cuando llegas no mutas de la casta ya expulsado, y si mutas has mutado y a codearse con fácticos del poder que da el parné para defender lo vuestro que ya no es lo de nosotros. 

Principios básicos. Hay que desalojar a los modernos tiranos, si cómplices son de quien manda en sombras y con inquina para defender su casta. Si no trabajan para el colectivo que voto en mano les ha encargado el deber de defendernos, ordenar nuestros vaivenes y armonizar el marco por donde circulan nuestras vidas, bajémosles del Olimpo al que llegar no debieron.

Evolución “2. f. Desarrollo de las cosas o de los organismos, por medio del cual pasan gradualmente de un estado a otro”. Si es este el estado de las cosas, repitamos tantas veces el cambio de desarrollo hacia otro, tantas como fuera necesario. Si tu mano derecha te escandaliza….

Luis Cardo

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