domingo, 28 de octubre de 2012

La quimera y el verbo



Hay semanas que no son, días que no avanzan, meses que no acaban, horas que no pasan, minutos que pesan, segundos ausentes, annus horribilis, décadas locas. Hay  etapas problemáticas, periodos críticos, tiempos difíciles.

Sí, hay tiempos difíciles.

Hay, en ocasiones, tiempos difíciles para algunos que coexisten con generalizada tormenta. Hay también tiempos arduos, complicados para muchos que vagan ante limbos de bienestar y la inopia de seres afortunados. Y hay vidas sin descanso que nunca alcanzan el tiempo de lo fácil.

“Bajo un amplio cielo gris, en una vasta llanura polvorienta, sin sendas, ni césped, sin un cardo, sin una ortiga, tropecé con muchos hombres que caminaban encorvados. Llevaba cada cual, a cuestas, una quimera enorme, tan pesada como un saco de harina o de carbón, o la mochila de un soldado de infantería romana”.

Hay lastres que extenúan, pesos que redoblan espinazos y retuercen caderas en escorzos imposibles. Y hay humanos de alma percherona que arrastran aun sin aliento no provocando más ruido que algún quejío al viento por lamento.

“Pero el monstruoso animal no era un peso inerte; envolvía y oprimía, por el contrario, al hombre, con sus músculos elásticos y poderosos; prendíase con sus dos vastas garras al pecho de su montura, y su cabeza fabulosa dominaba la frente del hombre”. 

Existen, observad bien, están cerca, convivís con ellos, tan cerca que algunos sois vosotros. Por no hallar respuestas ni señal en sus caminos que orienten su correcto devenir atienden a la condición de su próxima pisada, no importando si es en lodo o excremento donde ubican el paso y depositan el peso de su carga, solo importante es no perder el impulso de su siguiente zancada.

“Interrogué a uno de aquellos hombres preguntándole adónde iban de aquel modo. Me contestó que ni él ni los demás lo sabían; pero que, sin duda, iban a alguna parte, ya que les impulsaba una necesidad invencible de andar”.

Y no por resignación aunque con ella, ni por chantaje de culpa es que cargan tonelajes aunque excedan de su tara, por responsabilidad asumen su lastrado caminar por la misma esencia del peso del que tiran.

“Ninguno de aquellos viajeros parecía irritado contra el furioso animal, colgado de su cuello y pegado a su espalda; hubiérase dicho que lo consideraban como parte de sí mismos. Tantos rostros fatigados y serios, ninguna desesperación mostraban; bajo la capa esplenética del cielo, hundidos los pies en el polvo de un suelo tan desolado como el cielo mismo, caminaban con la faz resignada de los condenados a esperar siempre”.

No ceden a su avance aun sin esperar bastón, muleta ni carruaje donde descargar la gravedad de su fardo.

“Y el cortejo pasó junto a mí, y se hundió en la atmósfera del horizonte, por el lugar donde la superficie redondeada del planeta se esquiva a la curiosidad del mirar humano”. 

Sea cual fuere la guerra, la misa siempre por barrios. Arrastrando sus quimeras so escrutinio de privilegiados que bajo palio de divisas aligeran sus trances, subidos a topes de vagón por esquivar sanción de revisores, a diario calzan empaque ejércitos abnegados de porteadores hacia inciertos horizontes.

A los que sin gloria y con tesón habéis cargado volúmenes imposibles para ofrecer a los vuestros alimento y dignidad si se os hubiere olvidado en el tiempo el poder de la sinergia, por haber vestido bienestares, hay fuerza si fluye el verbo, como expresión de una idea o como escape o lamento.

De homenaje necesario para quien mueve molinos, mas si el efecto de la acción de dos o más causas es superior a la suma de los unos, mirad hacia alrededor y desenfundad el verbo, la palabra os hará libres y el peso se hará ligero.

Luis Cardo

Nota: El entrecomillado en cursiva se corresponde a extractos del poema “Cada cual, con su quimera” de Charles Baudelaire

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