sábado, 13 de octubre de 2012

La paradoja sofócrata



Los hay que buscan setas, mañana será buen día tras la lluvia de hoy, otros espárragos, caracoles, fósiles o metales. Recuerdo, por cierto, este pasado verano a un individuo en la playa con un detector al caer la tarde ¿se puede ser más ridículo, que buscaba, relojes?

Yo busco sabios.

Observad bien, he dejado la frase ahí sueltecita, breve parrafada, que luzca bien. Leedla por favor. Otra vez. Bien, a ver si explico bien la cuestión, tengo un problema de método. Para buscar setas o sencillas analogías basta salir con quien sabe y si eres espabilado te empapas rápido. Para cuestiones complejas puedes estudiar y adquirir técnicas, arqueologías y símiles. Pero ¿qué método usarías para buscar sabios?

Como ya sabéis acostumbro a partir de la definición de las cosas, así sabio es aquel que posee un grado más alto de conocimientos, aquel que goza de entendimiento, inteligencia, razón natural. Supongo que alimenté en mi infancia esta necesidad de encontrar, pues siempre fui pasto de dudas y me alimenté de interrogantes. Mi radar de óculo infante siempre estaba alerta (no busquéis óculo, es inventada). Desde entonces y hasta hoy, que ya ha llovido y por eso hay setas.

El caso es que con el tiempo, entre listos y listillos, encontré a algunos que mucho sabían o de quien mucho aprender, pero jamás un compendio de saber en alto grado como para agarrarme a sus pechos y amamantar hasta caer doblado de etílico conocimiento. Y os contaré un secretillo: lo bueno de buscar es lo que aprendes buscando.

Admitimos democracia como animal de compañía. Inevitable. La democracia es el antídoto de las tiranías y para tiranos, colores. Pero claro, la democracia supone dar el poder de gobernar a los elegidos y ¿quién no ha elegido, monta y cabe, y se ha arrepentido? O lo que es lo mismo, la probabilidad de cagarla eligiendo es de relleno de tesis. Elegir no es acertar y ni por ser elegido adquieres superpoderes, ni te hace más listo o más hábil. El sistema no garantiza que sean los mejores los que a la urna se sometan. Y además está lo otro, sí, el principio, explícaselo Peter, lo de que las personas que realizan bien su trabajo son promocionadas a puestos de mayor responsabilidad, hasta que alcanzan su nivel de incompetencia, vamos que la nata sube y sube hasta cortarse.

Aquí llegados y pulpo aceptado, a ver Platón si me explicas el nimio problemilla de tu sofocracia, o gobierno de los sabios, si dices que en tu sistema solo podrán gobernar aquellos que tuviesen el saber. Nos dividiríamos en clases y la de oro, compuesta por filósofos y grandes sabios, serían los únicos capaces de gobernar. Para empezar y sin menosprecio, que nadie me tilde mal, ¿los filósofos del plan viejo o los del Bolonia?

Centrados ya solo en sabios, sería gobierno ideal ya que en la sabiduría no cabrían corruptelas y se presume bondad y sentir de la justicia, pero querido Platón, si convencido me tienes de lo que mejor sería para gobernar los pueblos dime chiquitín, querido mío preclaro ¿quién y cómo examina a aquel que todo lo sepa en un mundo como el nuestro donde todo es mercancía?. Y si debieran los sabios ser electos, a modo de democracia, como es posible que el vulgo supiera dónde está ese gran conocimiento.

El hombre gobierna al hombre y de ahí su desgobierno (esta es mía, con un café os la comento).

Luis Cardo

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