jueves, 11 de octubre de 2012

La limonada



¿Conocéis el poder de los refranes? De pequeño mi abuelo Andrés me inoculó de refranes, frasecitas tintineantes que se guardaban discretas en la telaraña neuronal aguardando su momento. La R.A.E. los define así “Dicho agudo y sentencioso de uso común”. Pues bueno, ya en mi impronta y en mi genoma reza esta máxima, lleva cuidado con lo que me dices que puede ser usado, no, no en tu contra, a mi favor.
 
Me da por reflexionar si no sería buena idea, jo, que excéntrico papanatas, que nuestros hijos, sí, estos pobres que sufren que en algún momento de gran sinergia elucubrativa a algunos se les ocurrió desconfigurar su sistema educativo no sé bien con qué objetivo, estudiaran refranes, como asignatura ¿qué os parece? A fin de cuentas encierran en modo flash gran compendio de saber y no les quitaría casi tiempo para sus conversaciones monosilábicas del tuenti.
 
Así pues en mi corta vida, sí, he dicho corta pues soy un chaval de solo taytantos, tengo fijada para bien la proteína del rico alimento del verso, el dicho, el refrán, las señales y mensajes que se ocultan o presentan en texto escrito o canción, drama, comedia o en conversación ¿os gusta el ripio pueril? Tampoco corren tiempos de exigencias intelectuales, no os pongáis “asín”.
 
Los responsables del libreto de “El silencio de los corderos” quizás no pretendían más que vender un producto en forma de film de entretenimiento, si así fuere ¡vaya si erraron!, pues oculto en una trama de buenos y malos malísimos deslizaron de soslayo o de rondón gran riqueza de señales. Hannibal, el esteta, no le seas grosero mientras le deleita Bach y deja el estertor para cuando cese Goldberg, paladín de la belleza, le espeta a Clarice clarito, clarito, para ayudarle en su quehacer del trinque de psicópata “principios básicos, señorita Starling, principios básicos”. Aprovecho para reivindicar al ninguneado Ted Levine, que Oscar te escamotearon Ted, ni siquiera nominado, no ha habido psicópata en el cine que te llegue.
 
Retomando que me voy. Principios básicos, navaja de Ockham, “en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla, suele ser la correcta". Si es que nos pasamos la vida buscando el bosón de Higgs ¡redeu!
 
Tengo un tesoro, sí, sí un amigo, es que lo de quien con niños pernocta y dime con quién andas ya lo tengo tatuado, que mira por donde se llama Andrés, como mi abuelo, que tiene a bien hacer buen uso de aquellas máximas que su padre le enseñó y no olvida nunca tener presente el poder de un buen refrán. Y como buen empresario que es, se pone la piel de Clarice y con buen consejo de abrigo no se aparta del camino de sus principios básicos “lleno el almacén, vacía la caja, llena la caja, vacío el almacén”. Dos más dos, señores, siempre será cuatro, esto lo olvidaron en los ministerios y los destroyer financieros y así nos va.
 
El pasado uno de julio, una tormenta de verano, allá en los Pirineos, nos impidió el placer de deslizarnos en una atracción temática, por si las chispas. En ese impasse de ver la lluvia caer y algún café degustar esperando a que escampara, mi amigo me entregó una perlita, natural, hecha de tiempo y de síntesis “si tienes limones, haz limonada”.
 
No os voy a contar mi vida, para aburrirnos ya tenemos tele en casa, pero aquí un servidor, de vocación camaleón desde que sé que cambian de color según sus emociones y no para ocultarse, ha tenido muchas vidas y ha hecho acopio de señales.
 
No sé si somos algo pero nos queda crecer y no nos sirve tener o hacer acopio de bienes, mas si no entras en las cuevas no verás si fluye el agua.
 
Algunos de mis tesoros me animaban a escribir mas no llegaba el momento. El dos de octubre me desperté temprano inundado de limones y aquí estamos, exprimiendo.
 
Luis Cardo

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