miércoles, 10 de octubre de 2012

La esposa de Hobbes



Entre las obras maestras de Sir Alfred Hitchcock siento una gran pasión por la cinta titulada “Frenesí” (Frenzy, 1972). No solo por la historia, donde se secuencia la angustia de un inocente perseguido por crímenes no cometidos, sino también por el ambiente londinense de Covent Garden y por una gran riqueza de recursos narrativos de sutil inteligencia.

Entre las sutilezas del film hay una especialmente magnífica. El inspector Oxford, conforme investiga el caso, mima a la mosca que tras su oreja le susurra que desconfíe de la aparente evidencia de la culpabilidad del perseguido. Cada día al llegar a casa, sentado a la mesa, medita en voz alta sus deducciones sobre el asunto que le ocupa buscando inconscientemente los comentarios de su mujer para intentar desatascar aquello que no avanza.

Mientras, la esposa brilla a modo de vedette bajándose un Moulin Rouge, pues la comida es el momento estelar del día. Ofrece a diario al esposo degustación de lo aprendido en el curso de cocina francesa al que asiste. El inspector vomita sus dudas en alta voz mientras se bate contra el lamento de lo incomible emplatado.

Y son las perlas a modo de comentario de su esposa, que se debate entre ilusión y frustración por el éxito fracasado de su cuisine, las que acaban haciendo fluir las deducciones del marido hacia la resolución del caso.

Hoy desperté con belicosa indignación y un par de noticias al vuelo del desayuno no propiciaron un armisticio, más bien necesidad de asomo sobre la barricada y ánimo de echar dardos. Durante muchos años nos han expoliado los gestores de lo público, han malgastado nuestras aportaciones a las arcas que son de todos y han trincado, mal invertido, regalado, mal gastado, derrochado… se han encendido los puros con los billetes sudados por el esfuerzo de los de a pie. Esto no creo que a nadie pueda sorprender.

Pero quizás si sorprenda que diga que no es para ponerse dramático, ya que es normal que así haya sido. Hobbes, filósofo inglés del XVII, en su “Leviatán” nos enseña que el egoísmo es básico en el comportamiento humano y nos enuncia su famoso “Homo homini lupus”, el hombre es un lobo para el hombre, y ya sabréis que el macho alfa come hasta saciarse y si le sobra ya si eso ahí tenéis.

Y me dio por pensar en ello y hurga que te hurga a ver si va a ser que a la esposa de Hobbes no le hubiera dado por el latín y los clásicos y ante el atasco de su eminente marido le hiciera llegar la llave de su erudita elucubración. Pues fue Tito Macio Plauto allá cuando Cristo aún no había sido concebido quien apuntó “Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit." (Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro).

Así que, tras meditar en todo esto, no ha cesado mi indignación mas me cargo de estoicismo ya que lo importante es lo que hubiere que hacer a partir de y quizás no darle vuelta a lo que fuera normal por humana condición.

Y ya no me gustas Hobbes, me quedo con lo de Tito, pues me parece mejor, ya que el hombre puede ser cordero si conoce y esto se llama amor.

Es bonito el pensamiento mas mediante la palabra encuentras las respuestas, escucha, todos tenemos cerca una esposa, como Hobbes (que qui lo sa si la tuvo).

Luis Cardo

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