jueves, 18 de octubre de 2012

La dulce Irma



Andaba hoy en mi frasco de quehaceres no vocacionales, esos que habitualmente nos sirvieran tiempo ha para llenar el buche cuando fluía el parné, y a los que hoy día debiéramos aplicar por constante el principio de incertidumbre. Contaba Heisenberg, “me caso en Soria” estos alemanes que relistos ¿será por los bratwurst o por el spundekäse? que cuanta mayor certeza se busca en determinar la posición de una partícula, menos se conoce su velocidad, así en pastilla.
 
Que me decís. A ver. Yo de física ni papa pero aficionado a practicar el verso libre y devoto de metáforas hago súbita traslación al tiempo real, mas primero al recordado. Allá por los ochenta mi querido y admirado docto profesor de nuestra matemática de bachilleres lo resumía sin ánimo escatológico en su famosa letanía “la mierda cuanto más se revuelve más huele” ¿se puede decir mierda? Gracias Cela por licenciarnos.
 
Ya en el timing del tiempo que vivimos retomemos en vulgo versionado la física y sus lecciones. Si empeñas todo tu esfuerzo en darle vueltas al coco sobre dónde estás ni una miaja vas a saber las posibilidades de tu movimiento. Vivimos en una dinámica venenosa, en un pozo de culebras de agua estancada dando con el palito vueltas y vueltas a la macroñorda emplastada que se nos cayó del cielo.
 
Ya ni rozamos el absurdo, nos lo llevamos por delante en plan Jackass, sin contemplación cristiana ni pagana. La prima de los “h” (que uno no es tan “celoso” ni alcarriano) ya no cotiza por telediarios, no, no, ya no. Conexión en directo a la hora en que despereza y seguimiento en intervalos de cinco minutos, ya si eso el mes que viene la seguimos cada tres y recortamos margen rellenando hueco. 
 
Y nos echamos a la calle, digo echamos por corporación étnica, a gritar “somos unos desgraciados, ¡ote ote, ote, agraciado el que no bote!” Psss, no se os ocurra comentar alegría en tertulia cigarrera porque la pólvora corre y ya eres enemigo, lo sentirás con taladro que te echan de trinchera. Por favor, leamos más a Heisenberg y menos al de Marinaleda.
 
Será porque uno no fuma o será por mi empacho de cables en la mollera, pero en eso andaba meditando cuando apareció Néstor por la calleja, con su porte de gendarme y el airecillo de yerno “muymejorfavorito”. Supongo que siendo Francia de civilizada tradición, nuestro amable uniformado ganaría la plaza ya por aquel entonces con mérito opositor. Por sus quehaceres cotidianos, redada aquí y allá, butrón le hace a la valla desde la ley al amor. En “Irma la Dulce” (Billy Wilder, 1963), con la maestría que solo Lubitsch hubiera mejorado (pareciere ya filogermánico, reflautas), mister Wilder nos da batuta de lo irreal que resulta la aplicación del principio.
 
Néstor pierde su empleo y ya no será gendarme mas presa no es del momento en que advino en desgraciado y aunque fuera por amor a su dulce meretriz no detuvo el movimiento hacia el otrora suburbio de porrazo y tentetieso y al furgón de carcelero. 
 
¿Por qué tanta vuelta, revuelta y postvuelta a la posición de la materia? si nos pincháis ¿no sangramos? si nos hacéis cosquillas ¿no reímos? No miremos donde estamos, atended al movimiento.

Luis Cardo

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