sábado, 20 de octubre de 2012

La de armiño

 
Dice por ahí una noble lengua, lejos de ser bífida, que la “chola” me rula como una bola de pinball de doble piso, que comienzo hablando de armiño y termino en corpiño. No sé yo por qué. Anteayer cociné cous cous (cuscús) con gambitas, brécol, sultanas, jengibre, ajitos y unas hojas de cilantro, cosecha del día. Sabrosito el plato.
 
A veces he debatido al más puro cebolleta sobre la juventud de los ochenta, do you remember? poniéndola en valor, oh my God!, frente a las ordas de androides clónicos que pululan nowadays de acullá a maracuyá. Ya lo sé, ya, no ataquéis por ahí que lo de los choques generacionales lo tengo clarinete y que de cuarenta para arriba aún te haces tú la tortilla. Porque os la hacéis aún ¿no? No me contestéis, no, no quiero saberlo, ¡merde, la congelada!, pero ¡si solo hay que batir dos o tres y pochar unas patatitas! Velo que corro, menos mal que aún hay Pacorros que se curran cocinilla para agasajar lerendas.
 
Lejos de elevar a altares en modo presunción a los de mi generación, que ¡madre mía, si os contara!, en los ochenta había que estar en la calle, si estudiasteis demasiado ¡os lo perdisteis pitagorines!, lejos, como decía, de inflar pecho legionario, si que suelo hacer mención de una cualidad que era común en la época esa boba de pavoneo que va de los quince a los….. uy! no haré mención, ya que a alguno quizás no se le hubiere acabado. ¿Os acordáis de Demis Roussos? Salió actuando años hace en TV con un conejo atado a su oronda tobillera, ¿vendrá de ahí lo de que “te enrollas más que la pata de un conejo”? no debe, ¿y la pipa de un indio, por qué se enrolla? Algunos interrogantes de la infancia me siguen persiguiendo.
 
¿Cuál era tal cualidad? La diferencia. Ya fueras mod, rocker o pijo, te diera por  el new age o la gótica presencia (si, si, algunos piensan que es invento del milenio), no había mayor placer que hacerte tu propio disfraz y ser más original que el tupé del compañero.
 
Pero es que todo ha cambiado, si no es que me queje de ello, ni para bien, ni normal, ni mejor, peor ni bueno, solo que uno añora el tiempo en que pese a haber recetas, no se quería evitar ponerle al guiso tu sello. Y digo yo, me pregunto, hijos míos, corazones, por que queréis ser iguales a vuestro vecino del sexto, si hasta queréis imitar como le huele el aliento.
 
Moda es el uso o costumbre que está en boga algún tiempo, y tendencia  inclinación hacia el caudal más común. Alguien cercano suele insistir, no solo habla de armiños, en que la vida de vos, adolescentes de pro, hijos nuestros, “tecnológicopastantes” desde el tiempo de la teta, no tendrá nada que ver con la de los precedentes. Y dando por cierto esto y por asumido aquello, sin ánimo de lección quisiera dejar en muestra un sencillito botón.
 
Haced repaso exhaustivo, en la “pedia” que mas plazca, no sé si mejor la “wiki” o ya la vetusta “enciclo”, de aquellos que en todo tiempo triunfaron o merecieron ser centro del homenaje, ya que corren estos tiempos de pasión por sacar pecho. Podréis observar que en casos, ciento por ciento me atrevo, se llegó a la trascendencia a gayola, por el genio, por auténtico, siendo solo original si das carácter de nuevo. Lo imitado siempre es copia, y las copias, copias son, siempre se citará al modelo.
 
Da igual que el caudal de un rio sea escaso o abundante, don´t be water my friends, qué aburrimiento.
 
Me dio por no añadir de la receta los brotes, las pasas, se me ocurrieron.

Luis Cardo

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